
En una página web aparentemente dedicada a la promoción de “literatura de Rosario” se puede leer el siguiente enunciado: “El proyecto surgió como una manera de establecer una interacción entre los escritores de los diversos talleres literarios entre sí y con los públicos en general (aquellas personas que no asisten a talleres literarios) porque posibilitarían la comunicación y la oportunidad de enriquecimiento de cada uno de los actores implicados”.
La estupidez social no tiene límites; en Rosario seguro. No puede saberse bien si se trata de un fallido o de un criterio impune: esta gente divide el mundo en dos: escritores y públicos (oh… ¡al menos son pluralistas!). “Escritores” son las personas que asisten a talleres literarios. “Públicos”: “(aquellas personas que no asisten a talleres literarios)”, triste gente por lo demás encerrada entre paréntesis. Es bueno que, al menos en un lapsus, se sinceren, porque ese es evidentemente el criterio de estos gilipollas que dominan la escena de la “literatura” en estas ciudades de segunda. Los talleres literarios son un criadero de camellos a donde van a parar los idiotas de la burguesía provinciana que sueñan que la municipalidad les financiará un día los producidos de su ocio estúpido. Ahora, este concepto de “público” ¡supera ya todas las expectativas! ¡¿Dónde estarán los vendedores de diarios que salvarán a la literatura local?! ¡San Witoldo San Witoldo qué bien viste a esta ciudad!! ¡¡¡Aira Aira que me ahogo…
“El arte es ahora una cosa municipal, por decir así, una cortesía con los idiotas”, página 77 de una novela llamada “Parte de la fuga”.