
Proponemos un periodismo agramatical de temporariedad lábilmente desgoznada. Hemos menester del ripio, de la aliteración, de la cacofonía, del pensamiento interjectivo, del impensamiento mucho, y de la simulación del sarcasmo en la lucha por la vida, o por la escritura. Pensar no pensando, huyendo con el cuchillo entre los dientes y bardeando a la defensiva. El cinismo es el arma de los que no tenemos red. La voluntad de joder es un descanso agresivo de la voluntad de poder. Es un gestito de idea deviniendo un textito de goce. Si no le concesionamos a la frivolidad y a la agresividad el pedacito de torta que demandan, nos perdemos en el vuelo del águila, o en el delirio divino y autista del artista niño. Un poco de resentimiento por encargo; un poco de nihilismo reactivo no le hace mal a naides. Entre la estupidez y la ilegibilidad como anotaría Barthes, ahí si el lenguaje es morada. Y exilio. Si uno tiene grandes ideas, tiene que disimularlas. No soy quien para dar un concepto, Gilles.