13/1/08

Más Boletería de la Gratuidad


Cuando fui a España, husmeando en la tele en los suplementos de cultura y en las perpetuas bibliotecas públicas me fui dando cuenta de cuál era el top ten literario de la comunidad gallega. Todas estaban locas por ese pesado de Bolaño, un quía que trabajaba de dos cosas: como yo, misereando en laburos de cuarta en Catalunya, y, en sus ratos libres, de “latinoamericano” hiperprofesional. ¿Latinoamericano? Son todos ladrones… chilenos. ¡Perdón, no! ¡El microfascismo peronista no! Lo siento…
Le seguían no tan de cerca los vivos (Bolaño estaba recién finado): Villa Mata, otro maravillado por los argentinos, éste catalán en español, y Villoro, un mejicano, también fascinado. A Villoro lo fui a ver. Fresán y Caparrós, que andaban por ahí, tenían clara cara de argentinos, pero éste ¡hasta cara de “latinoamericano”! No se privan de nada. La escritura (bah la escritura nada), la LITERATURA no le interesa a nadie, vieja; interesan estos free lance acumuladores y ¡universitarios!, charlistas eximios, desde luego, no lo niego. Yo seguí sacando libros de argentinos de las biblios catalanas (que tienen TODO) pero me puse a leerlos un poco de paso, a ver cómo es la cosa. Villoro es un tipo que se pasea con contratapas de este tipo: “Si Barthes habló del ‘placer del texto’, Juan Villoro nos brinda un extraordinario ‘placer de lectura’ (Gerard de Constanze, Le Figaro Littéraire)”. Increíble. Cosas más o menos parecidas escribe continuamente este Villoro siempre en esa forma si S entonces P, como en un curso de Lógica I. Si Borges tal cosa, Calvino tal otra y así. En fin, como no dijo O.L.: primero ser crítico, después escritor. Pero todo bien, todo bien con Villoro. Porque quiero citar unas cosas de su libro “Efectos Personales”, Anagrama 2001, para entrar, después de todo, en tema. Villoro dedica un opúsculo a Alejandro Rossi, “Pensar distrae” se llama. Si, pensar distrae, absolutamente cierto. Rossi es un filósofo que se vendió a la literatura, así se lo recuerda. ¿Pero como distraerse del pensamiento? Quiero entrar en tema para añadir algo a lo que escribió Lorena sobre “Circo & Filosofía” (
http://lorenabetta.info, 22/11/2007)[1].
Rossi decía “¿A ud. no le entristece que nunca podamos decir algo absolutamente gratuito?”.
Rossi alegoriza una tragedia del filósofo cipayo, tránsfuga, del hombre desesperado por desertar de la proposición, del epiquerema, del sintetismo a priori, del discontinuismo epistémico, de la jerga autista de la lógica simbólica, de Carnap, del qué dirán de los pasillos del Liceo, y fugar al Eldorado del poema, del nonsense, del sentido obtuso, la paradoja wildeana, y el asintacticismo. “La batalla de Alejandro consiste, precisamente – suma Villoro - , en hablar porque sí, con la gratuidad del arte”.
Vivir sólo cuesta vida, pero la gratuidad cuesta. Sócrates era gratuito y los sofistas onerosos, pero… ¿hablamos de otra cosa? Boletería de la Gratuidad decía el Maestro. El que… ¡pudo! (¿?)
Barthes utilizó una metáfora bastante chota pero sentó una obviedad fundamental: citemos. “En el terreno cercado del lenguaje, construido como un campo de fútbol, hay dos puntos extremos, dos metas que no hay modo de eludir: la estupidez a un lado y la ilegibilidad al otro”. El filósofo, siendo siempre en el barrio, para familia y vecinos, siempre sospechado de, justamente, bobo e inentendible, tiene un doble pavor vital por esos dos destinos ineludibles del “lenguaje”. Quiere ser claro y distinto. Pero Rossi sí que quería invertir al platonismo, y rajar a los filósofos de la República. Mmmmhh.
Rossi definido por el profesor Libertella como “un paradójico que viene full-time de la razón filosófica y sólo parece condenado a engendrar monstruos causales o sueños de la razón que engendran monstruos” (Las sagradas Escrituras).
La cautela del filósofo, lo condena a la rumia. La lucha contra el filosofema, contra la Theoría, contra el enunciado con criterio empirista de significado cognoscitivo, es de igual a igual contra uno mismo; es atroz; y es al ñudo, al ñudo que lo fajen. Por más cadáver exquisito, cut up, patafísica, zen, “rasgos circustanciales”, derridadaismo, disciplinamiento en los anacolutos, en las engañifas de la gramática, en el yerrorismo de la expresividad emotiva como rebuznaba Carnap, en las súplicas de Nietzsche Wittgenstein y Heidegger de cómo cagar a la gramática, ah el filósofo, es corto de gratuidad. Pero tiene toda la disciplina espartana y el rigor ermitaño para lograrlos. Pobre neurótico obsesivo: dicen que envidia la locura del otro


[1] V. gr.: “La filosofía es pura cháchara, satiriza e ironiza con ella jugando con los prejuicios académicos del intelectual serio que dice también barbaridades, se toma las cosas para la joda de una manera más light y no por ello menos serio”.



-La vulgaridad es un lujo-

Susvín... rompió


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Un idiota que reclama que le sea reconocido un saber...