23/1/08

Filosofía & Vigorexia




(PSEUDOVIGOREXIO DE LA SEXTA, UN HELENISTA HISTÉRICO DEL MACROCENTRO-SUR)


La esquizofrenia la tienen todos los superhéroes
(Feinann en Canal 7 con Cristina Mucci)




Cuando yo era teenager, y estudiaba guitarra y batería malamente, y escribía y dibujaba bajo los influjos de Roberto Fontanarrosa y sus amigos, comencé a topar cada vez más seguido con los “clásicos” de la literatura y con unos roídos libritos que vegetaban en la bibliotequita verde y desinteresada de mis padres: “Lógica y Teoría del Conocimiento” de Vicente Fatone, herencia materna del Liceo de Señoritas de la década del 50 y “Lecciones Preliminares de Filosofía” del maestro español García Morente, cantiano en el ostracismo de la Universidad de Tucumán, nicho filosófico por excelencia del Cono Sur en las épocas de las Grandes Guerras Paneuropeas. Herencia del Superior de Comercio o de los años de Ciencias Económicas de mi padre. ¡Verde es el árbol de la Teoría! dije retrucando enfermamente a Goethe. Y comenzé (horror) a leer algunas cosas sobre el Divino Platón y del Divino Platón, y ahí encontré un día que este antiguo sujeto ejemplar y number one sin competencia del milagro griego hablaba de los gimnasios y las musas, de un imponente culto doble del cuerpo y del espíritu, del soma y de la psyche. Yo había ya abandonado fútbol, básquet, natación, yudo, y todas esas cosas y estaba por lo visto más dado al cultivo de la noble psyche. Platón, debo…debo confesarlo, ejem, me inspiró para meterme en el gimnasio Astros a, como se decía en el medio, hacer fierros.


Hablan todavía del simpático “Milagro Griego”. Yo querría hablar un día del Desastre Griego


Muchos años después, ya filósofo de carrera, llega un Amigo a casa a obsequiarme con una nueva buena:


- Lo que vos tenés, loco, es vigorexia.


Zas. Ya no era “esquizofrenia” como me había dicho una antigua Novia que leía en medio de su carrera cientificosa fotocopias con infamias sueltas de esos seres oscuros llamados Psiquiatras. “Los que estudian filosofía son todos unos pelotudos con tendencia a la Esquizofrenia. Están condenados. No se casan ni dan hijos. ¡Ni sirven ni para el Diván, chabona!” leía mi Amada en el empobrecido lenguaje de las ciencias mezzoconjeturales y malpensadas.

Ahora era “vigorexia”. Y seguramente lo había sacado de algún articulito de esos de los suplementos de salud, de ese diario diestro que bien despreciara mi maestro Macedonio, “La Nación”.

Vigorexia.

- Mejor seguí diciéndome Boludo, me gusta más.

Bueno ok. ¿Qué le hace un raye más al tigre de Bengala? Desde mi choza alzada en el cúmulo de fotocopias del Anti-Edipo yo me les reía en la cara a todos estos culorrotos híper y sempiternamente sicoanalizados que siguen aún aspirando a un día dejar de ser “Boludos”. Paguen, caguen, y pasen.


Para la Ataraxia (avigorexia), yo leía las “Teorías” del doctor Macedonio… una epicuriosa quijoteada epi-cura.


“Los afectados (de vigorexia) son en su mayoría hombres entre 18 y 35 años que comienzan a dedicar demasiado tiempo, entre tres y cuatro horas diarias, a esa actividad (los fierros) y lo restan del resto de sus labores u ocupaciones cotidianas” enuncia una Sibila Empirista en una web pag [1].
Un tal doctor Fernández (Otro Póstumo de M.F.), psicólogo adjunto del servicio de psiquiatría del Hospital Bellvitge de Barcelona, apunta que todavía hay pocos estudios elaborados en España y que el problema cuando existe no es fácil de detectar. "La persona que la padece persigue estar bien y lo está mientras puede compaginar ese tiempo excesivo de culto al cuerpo con su trabajo o estudios", afirma Fernández. El Superhombre-Vigoréxico – adosa un interdisciplinarista quemado cesante del CONICET – viene a ser la pareja ideal de la Mujer-Biónica-Anoréxica, de la Batichica-Panchodotto, y el primohermano de la Wonder Woman Bulímica o Gorda Cerda.


Wikipedia say: “La vigorexia es un trastorno caracterizado por la presencia de una preocupación obsesiva por el físico y una distorsión del esquema corporal (dismorfobia)". Estos presuntos desdichados, parece, no sólo se la pasan todo el día en el gym sino que le adosan a la milanesa y el asadito una dieta opípara de esteroides.

En fin… yo sólo hacía dos horas por semana ¡Lo juro! ¡Y me drogaba con otra bibliografía!



(Pongamos: Parte 2:)



Un aspirante a modelo de Fidias, un filogriegos bovarista y Kitsch, en medio del Patio de Humanidades & Artes… es todo un caso. Pero yo leía que Foucault – contaba creo Tomás Abraham en el Clarín - era un cultor del arte di vestire (así se llamaba una de las antiguas empresas colapsadas de mi Abuelo) y ganaba fuerzas para resistir al microfascismo gregarista de esa ingente minoría molar de Caretas Invertidos, que querían imponer su look chabón cueste lo que costare. Y costaba.
¡Hacerse los jipones a los 30 años con departamentitos garpados por papi! Dejarse de joder… hoy son todos protocapitalistas juniors del “saber” subsidiados por Hobbes, digo el Estado.


Una tarde en el gimnasio de la Universidad le dije a una recelosa marxista leninista que estudiaba conmigo la carrera, y que de no profesar el estalinismo solapado hubiera estado buenísima, que yo iba al gimnasio por lo que decía Platón…


Pues ¡imaginad! ¡imaginad! Desde ese día quedé definitivamente internado en las Listas Negras del imperio trosquista que gobernaba la despoblada Escuela de Filosofía, o Desierto del Deseo Rosarino.

La Gente nunca entiende que Uno vive haciendo el Chiste-de-Simismo (el Chiste-del-Simismo), que Uno, primero es su Parodia, y luego su Tragedia… ¿Y ella para qué carajo iba a levantar sus carnesas? ¿Querría ser la Personal Trainer del Nuevo Ejército Impopular del Pueblo (siendo que la Dictadura del Proletarado les resultaba perpetuamente inminente)?... enigmas de la esfinge militante…

Dónde habrán quedado, pensaba yo, aquellos musculosos obreros de los muralistas mejicanos, que hubieran calentado a Walt Whitman. ¿Por qué los Neomarxistas del Menemato noventista que desfilaban y departían en el Patio se parecían más al Flaco Spinetta en Almendra, o a los rockers lumpemburgueses de los 70 que en ese entonces tanta desconfianza les dieran por contrarrevolucionarios alieno-decadentes…?


Misterio. Secreto.



Un día, al final, ya harto de Platón a Foucault, y toda esa comida chatarra para el bilioso, digo biblioso estómago universitario, di con otra fuente ejemplar. “La Guerra de los Gimnasios” del más lúcido de la antifilósofos actuales de nuestro país, Aira. Porque Aira ya es un país.

Allí el Gran Sabio Obtusador de lo Obvio sentaba una máxima rotunda:

“Ir al gimnasio para provocar miedo en los hombres, y deseo en las mujeres”.

¡Oh! Revelación. No, ya no era necesario Platón, además un antiplatonista macedoniano y platoinvertidista nischeano como yo ¡cómo podía seguir con esa máxima desgajada de malos manuales y malas traducciones baratas leídas desde el lugar de mi salvaje bovarismo de Posmoborges de la Massplebe, de Autolector-Bárbaro fugado de la camisa curricular de fuerzas del control universitario!


¡Vamos, apocalípticos integrados, no me van a decir que se puede ser el Übermensch de Herr Nietzsche sin mancuernas a mano! El Superhombre… ¡vuela!

… ¡¡Y hace fierros!!


Desde luego el Superhombre-Kitsch es el primogénito anedípico de Doña Bovary y Don Alonso Quijano.

No, lo sé, el Supermán del gran polaco es una medida ideal, es… es una Idea platónica patas para arriba, es una pavada decía Gombrowicz. No existen. Pero los Resentidos, archienemigo arquetípico de aquél, según el consabido esquema de este sabio citado, ¡esos sí proliferan como conejos! ¡Y tienen su Episteme a mano!


En el “Antimanual de Filosofía”[2] (para cerrar aquel círculo de lecturas empezado con Don Morente) del simpático Michel Onfray, especie de “Autonfray para Principiantes”, este nuevo filósofo que les habla a los adolescentes (¡a mi me hablaba Fatone!) que estudian la secundaria de Francia, parte su exposición de las viejas preguntas de Kant, sobre el Hombre, el Saber, el Hacer y el Esperar, y las ramifica en otras más cancheras como diría Susana: ¿Podrías prescindir de tu celular? ¿Comiste ya carne humana? ¿Tenés que empezar el año quemando a tu profesor de filosofía? ¿Por qué no te masturbás en el patio del instituto? Y la que más me interesó:


¿Hay que transplantar el cerebro de vuestro profesor de filosofía en el cráneo de su colega de gimnasia?”.


Onfray, último hagiógrafo progre de Diógenes (Vid. “Cinismos”) propone no obstante prescindir de esa experiencia que, dice, puede dar un Monstruo, si bien – suma – es probable que llegue pronto un día en que tal hazaña no represente, ingeniería genética mediante, problema práctico ninguno.


Plus:

Quedaba por citar una de las más célebres escenas de la filosofía argentina, en las que nuestro único filósofo, único e impresentable, y primer antifilósofo local, repara en la poco verídica corpulencia de una de las imágenes más vendidas de la postura filosófica del pensamiento en los últimos siglos: Le Penseur de Auguste Rodin, al que llama en momento dadá “bobería en mucho bronce”, vieja imagen que yo siempre veía extasiado y que encabezaba a página entera la sección de Filosofía de mi querida Enciclopedia Larousse, comprada por mis padres a un timbrero.


El Anti o Filósofo Nacional estaba

…“procurando adivinar en qué piensan los músculos del "Pensador" (¿es Dempsey o no es Dempsey? Los pensadores son más friolentos; éste se saca la ropa para poder pensar)”.


Citado para confirmar que nuestro masshedonismo (o ñismo) puede ser razonado como una especie de inversión parcial o deformación rococó-hipertrófica del flaco churriguerismo del maestro, atribuible a la subtropicalización de nuestro clima ex templado, a la avanzada de las capas medias bajas urbanas en la cultura, a la decadencia mundial de la imago paterna y el consecuente narcisismo andrógino que abona la cultura de la imagen. Debe de ser tan fácil ser sociólogo ¿no?


Tener siempre calor, boxear, pensar en pose, amenazar a base de bíceps, el neomacedonismo, como un guante al vesre, se nos presenta bajo estos nuevos contextos.

Quizaforro




[2] Edaf Ensayo, Madrid 2005.






-La vulgaridad es un lujo-

Susvín... rompió


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Un idiota que reclama que le sea reconocido un saber...