
El Troll es la estrella de la Blogósfera y Comentarista Anónimo Homero. Quienes les abran sus puertas están condenados a convertirse en personajes secundarios. El Troll interviene, habla, con la impunidad del que calla. Introduce la lengua del enemigo en la lengua del ausente. Su aforístico arte de la injuria puede tirar a la mierda 2.500 posteos del pobre chamullero de pantalla. No subraya: tacha. Viene a ser como el Lector revertido. ¿A quién se le puede ocurrir darle voz y voto a un lector? Se deberían escribir, para probar, largas novelas intervenidas página por medio por puntuales Trolls. El Troll es un heredero liberado del lector insatisfecho, que tiene la oportunidad de expresar su sentimiento de estafa y repudio afincando su trinchera en el medio del texto. Por la figura del Troll el Lector malcojido se redime. Vejatorio o irónico, es el enemigo hospedado en casa. ¿Alguien puede no pensar como Gombrowicz?: “cuanto más torpe y estrecha es la opinión tanto más se nos vuelve importante”.
El enemigo es la anomia, ausente, anónimo, cagón ¡ese es el enemigo! ¿Quién le teme al adversario? El Troll huye con un arma entre las manos, su vigor es femenino, la fuerza suave, las habladurezas, la huída agresiva (W.G. de nuevo), el poder incontrolable del esclavo, del cobarde, el lado B de la democracia. El verdadero enemigo nunca está a la altura de las circunstancias.
Es imposible bajarle los dientes al Hombre Invisible.
El Troll es el Otro, Genio del Mal, es el Miedo. Es el Receptor-que-emite, el que te hace llegar tu e-mail sin RE:. Siempre existió. Todo va bien hasta que llegan los lectores. El que no escriba para el Enemigo, escribe para el Troll. El Troll es el Lector. Pero hay algo que es mucho peor: el silencio del Troll. Pobre de aquel que codee fuera al Troll. Pobre el que borre los comments. Pobre.