
Aira escribió que una ley capital del relato es: cuanto menos importante es un hecho, más cuesta contarlo. Es cierto. En realidad se aplica más a la poesía; más todavía a la poesía que al relato. La poesía contemporánea, mejor dicho, está aplicada a esto. Su evidente facilismo esconde esa, real o presunta, complejidad superlativa. Narrar lo vano, lo insignificantemente escapizo, lo superfluo, lo que pasa a las doce del mediodía, las apasionantes aventuras de tres hojas del árbol de la esquina desde las 10 a las 10: 20, cómo se aburre en módicas digresiones obtusas una conciencia clase media ociosa en un ratito ante una pantalla; en fin: esas experiencias totales. El acabose de lo grave, de lo bajo, de lo chancho, de lo peor, de lo grotesco, de lo horroroso, de lo cómico, del amor-pasión, de lo sublime, de lo épico, de de de. Tomar agua de la canilla ¿no es el hecho poético?