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12/4/10

DE LA PROHIBICIÓN DEL INSECTO

(Cuando el cuerpo no espera lo que llaman amor)


Una eternidad
esperé/ este instante…

Hace unos meses vi en medio de la calle, en el sur, por Avenida del Rosario, caminando inconmovible sobre el asfalto a un cardenal, no un alto funcionario de la Curia Romana abocado a elegir al Papa sino al mero pájaro. Hacía años que no veía a una de estas aves industria argentina en la ciudad, probablemente todos los años que llevo encima de nacimiento. Y algunas semanas después, trotando en los alrededores del Gabino Sosa, vi a un pajarraco enorme, también con copete, con unas patas muy largas, pero todo gris, de alrededor de 60 centímetros. Una suerte de tero-garza, ni idea de qué era, pero desde que colapsó el zoológico jamás volví a ver dentro del ejido urbano un objeto de la ornitología lugareña de tamaño similar. El pensamiento occidental ha medido siempre al hombre entre Dios y el animal; la idea de animal político o animal racional, de griegos a modernos, contempla esta categoría de mixto. Bien por ellos. Así continuando con la serie, de apariciones callejeras circunscritas a la zoología teológica, antesdeayer vi en mitad de la vereda, en plena República de la Sexta, a una mantis religiosa. Enorme, impertérrita, ajena al paso ágil de mis 44, que podrían haberla aplastado si cierta idea de reivindicación genérica –misoginia como deseo no-humano, darwinismo de género– no se me hubiese olvidado por culpa de mi apuro laboral o doméstico. Tenía el lomo tatuado con un dibujo más o menos en forma de círculo color azul flúor, a tono con la gente que quiere meter miedo, deseo o llamar la atención. Yo soy de los que –todavía– dejan que la ropa roce la piel directamente; entre ambas sólo aire, o tufo. También cada dos por tres aparece en mi hogar una lagartija casi traslúcida, de un tono muy claro con gusto a plástico (no soy de chupar reptiles, pero existe la sinestesia hipotético-deductiva en el mundo). Tienen dedos con grandes terminaciones bien redondas y parecen de la antigua industria taiwanesa. En poco se asemejan a las que había en los jardines de mi tierna infancia, que eran verde oscuro y tipo iguana. Cuando las agarrabas perdían la cola; pero se iban, mutiladas pero airosas. En cambio el mamboretá, dios santo, acoge una metáfora adversa: no pierde la cola: te arranca la cabeza. Y por el tamaño debo suponer que era hembra, ya que son más grandes que el macho y también se tatúan. No una mariposita a la altura del coxis sino una hendidura tumbera. Este insecto en desleal pose de plegaria, como se sabe, aterra al peatón bueno y valiente por su símil sociológico. Dios sabrá por qué andaba merodeando la zona liberada de la Ciudad Universitaria. Tal vez salía de departir cháchara fundamental en un congreso Queer o Barbie bajo probable auspicio del municipio. La deliciosa y laica palabra mamboretá es guaraní. Dicen que significa “¿dónde está tu pueblo?”[1]. Una frase o sintagma extraordinario que podría fundar una sociología incluso sexual. Que podría sustituir a otras Grundfragen de tipo falocentrista al estilo “¿qué quiere la mujer?”.

     ¿Qué quiere una mantis?

     Según el delirio empírico-positivo de la biología contemporánea, parece que quieren “maximizar su éxito reproductivo al estilo Robespierre”[2]. Pioneras del jacobinismo literal de género, tienen sus seguidoras dentro del antiguo segundo sexo, allí donde las paralelas del feminismo y las femmes fatales se tocan sospechosa, sáficamente. Van más allá del principio humanista de la castración, llevando hacia la locura de la acefalía. Criaturas mutilantes de Hobbes, lobas del hombre –llamado por los griegos aner agathos kai andreios (ἀνὴρ ἀγαθὸς καὶ ἀνδρεῖος): macho bueno y valiente, pechito argentino. En Atenas no pasaban de amas de casa, sin jubilación específica ni aspiración ninguna a la gran isabelíada –ni reservada a las hetairas–: llegar a presidente.

     Hay quienes piensan –no sé si el cool Cerati, por ejemplo (“hipnotismo de un flagelo / tan dulce”…)– que el insecticidio debería ser la prohibición fundamental de la cultura. De hecho ni Lacan, Perón –a un millón de años luz de Kafka–, hablaba en alguno de sus libros del hombre contemporáneo insectizado (“Eva, nunca voy a ser un Superhombre”[3]). A Deleuze, que era un buen tipo, le hubiera apasionado la historia nacional del devenir mamboretá (“¿dónde está tu pueblo?”). La salud como literatura, como escritura, consiste en inventar un pueblo que falta. Cito sin comillas su frase célibe. El mamboretá macho, abdicando ante “complicidad o conflicto”, como un cafquiano animal fabuloso –perdón (perdón Borges): fabulador. Deviniendo escribiente. Se trataría de un partenaire cortejador que, aun adivinando el parpadeo, tiene miedo del encuentro. Aquel borgeano horror a la cópula y los espejos, a perder la cabeza por reproducirse. “Preferiría no hacerlo.”

     Ah... tómate el tiempo en desmenuzarme… “La vergüenza de ser un hombre –no escribió Dolina–, ¿hay acaso alguna razón mejor para escribir?”

     Todo al quiasmo. La vergüenza de ser un escritor, ¿hay…


20/7/08

La Amistad Más Uno (La Amistad es un Robo 5)

[López Rega]

(El inconciente peronista)




Mis amigos son unos atorrantes. Entre esos tipos y yo hay algo personal. El que dijo que a los amigos se los elije nunca tuvo un amigo en su vida. Tuvo un súbdito, en todo caso. A los esclavos se los elige. En la feria, por su utilidad.
La amistad viene de un sino más inalterable que el de la familia. Los padres nos confeccionan pero el tiempo de la venganza casi siempre llega; lentamente llega, y los hijos rehacen a sus padres, vueltos de alguna forma niños obsoletos, o sea viejos.
Pero la amistad, amigos, tiene a la alteridad como una suerte de regulador inagotable y permanente que impide que se la confunda con lo que nos tentamos
por llamar amor, u otras afecciones menos envidiables: devoción, sumisión… No es una relación partidaria, ni religiosa, ni positivamente contractual, tiene algo de otro orden, o de otro mundo.

Quizá mis amigos me elijan, no lo sé. Yo no los elijo. Elijo a mis enemigos, pero nunca vi uno en la cara. En este universo –este país: mi vida-, somos todos compañeros, camaradas. Compañeros, amigos, como López Rega y Firmenich. Porque como me dijeron que dijo Borges, la amistad es la única pasión argentina; y la pasión, si argentina, es peronista. El peronismo, metonímicamente, o estadísticamente, es la Argentina. Para un amigo no hay nada mejor que otro amigo. Quien dice mejor, por ley del terrorismo froidiano (otra pasión argentina), dice peor. Como el Doctor Merengue. No Mengele, Merengue.

La amistad, esto es, lo que hace posible la traición. Y la más forzosa de las relaciones entre los hombres.

Al amigo no-todo.




Silvio A., un amigo

A Little Hell For My Friends (La Amistad es un Robo 4)


Amistad secreto poder melancolía tedio

(Tergiversación a partir de un fragmento de “La ética picaresca
” de Horacio González)




La amistad dice Simmel es un disolvente del secreto. El secreto de alguna manera funda la sociedad, la trama de relaciones subjetivas que son su sostén o su dorso. Sin embargo, cuando la amistad es posible, existente, siempre queda un fondo más allá de la lógica confesional de las revelaciones compartidas. Un último recodo del secreto. La filía antigua – escribe H.G. igual que Deleuze-Guattari en su último concierto a cuatro manos – ya no puede existir en las sociedades contemporáneas: “hay demasiado que ocultar”. Como una especie de Quijote o de… Falso Quijote contra el mundo convertido en un emporio de la sospecha se saca del perchero al “melancólico”, un estelar actor de reparto del cine bizarro froidiano. “La melancolía es un estado de ánimo profundamente doloroso, una clausura del interés por el mundo exterior, de disminución del amor propio y la pérdida de la capacidad de amar. El melancólico, despojado del pudor, se satisface comunicando públicamente sus propios defectos”. Este personaje pretende imponer una violencia abrupta y general contra el universal secretismo cósmico. Puede convertirse en un cínico de sí mismo; o la paradoja o seudopleonasmo del perro nudista. O en el sacerdote y publicista de su interior. Puede estar entre Diógenes y el Strepper. Un Strepper disruptivo que busca el shock. Y puede pasar que el sin secreto que profesa lo convierta en un secreto que camina. El melancólico secreta secretos. Lanza un habla de secreciones. Afirma la existencia del secreto pero igual su innecesidad, su impunidad, su miseria. Otro caso distinto del sin secreto es el del sujeto del tedio; o mejor: el estado del mundo en el tedio: “sans secret”, escribe Baudelaire. Todo está indiferentemente sabido. En el tedio la naturaleza es una asquerosa vieja miserable, no una fémina que turba. Pero, más precisamente, en el tedio de Baudelaire el sin secreto obra en relación con el objeto gnoseológico y natural; es falta de misterio y refutación o indiferencia ante la entidad del noúmeno. El hombre del tedio es un hombre melancólico pero su melancolía no es la del hombre melancólico de duelo. Porque perdió la pérdida. El hombre doloroso reconoce el secreto como entidad, despreciable quizá; o innecesaria en otro caso. Desprecia la confesión que ejerce. Al hombre tedioso no le interesa. Pero podría volverse hacia la apatía perversa y obligar o disfrutar de hacer expulsar “secretos” –secreciones negras imponderables– de la boca del otro. En vez de dominante y dominado el poder trabaja con una lógica del secreto según Canetti: poderoso es el que puede callar e imponer no callar al no poderoso. El nopodermiento driblea entre lo confesional y lo delatorio. Por citar a Laiseca: “el poder verdadero consiste en no aparecer”.

19/7/08

El Club de Amigos (-Sin-Amistad) (La Amistad es un Robo 3)




Podríamos llamar a la filosofía actual, que no tiene ninguna existencia fuera de la teodisea del currículo (así con S), y del comercio vincular entre alumnos de la carrera homónima, y entre alumnillos y profes, como un Club de Amigos, … sin Amistad…


Exceptuando a lo macedoniano de su probable centro – “Ella” o “La Eterna” – encontramos un mundo bastante de amistad, tan escaso de tocadas de culo, ni las caricias de la paideia, ni el manoseo de la ontoparanoia de la sospecha. Una especie de politeia de los afectos, o de la Afección, una altruística de la traslación del yo, que suspende lo que se llamaría la teleología biológica, la individuación como zapallo haciéndose cosmos; la suspensión del “cuerpo” como fuente de la diferencia como violencia.
Todo esto se sabe, y sin embargo Macedonio dejó una frase bastante amarga o melancólica sobre la amistad, así como hoy algunos se quejan por la decadencia de la “transferencia” y el “pase”, o sea aquello que existía ejemplarmente en el vínculo de la filosofía original, y que más bien existe como farsa en la relación filosófica actual sujeta al discurso universitario, y al imperialismo del robot tecnócrata expendedor de papers posdoc, y que siguen siendo monopolizadas crecientemente, y pro exclusividad, por la instancia del diván. O sea: privatización y confesionario.


“Escribimos libros para convencer a nuestros semejantes desconocidos y no logramos persuasión en un amigo”.



Dime quién me la robó. La amistad – por conmemorar
a Proudhom – es un robo.

El Gaucho Con Concha (La Amistad es un Robo 2)



Son varios los que entendieron que la Argentina no entró nunca a la modernidad, o entró después, o rara, sesgada o parcialmente. Feudalismo y agroexportación han hecho posible una amistad argentina. Bastaría leer los primeros libros de Borges, los que él prohibió después, para encontrar, entre otros cultos, un evidente culto a la amistad. Después Borges cambia. Se pasa de Yrigoyen a la Revolución Libertadora, como se pasa de aquel culto, entre otras cosas, al famoso culto al coraje. Prefiere la loa a unos compadritos u “orilleros” bastante arquetípicos –y a los que difícilmente se haya acercado mucho– al festejo de viejos camaradas, Oliverios o Marechales.

De los epitafios a Boedo, a la Torre de Marfil. Pero la amistad argentina tenía más de gaucho que de gay. Amistad de armas llevar cuyo canon en principio sería el tándem Cruz-Fierro. (Pienso en una frase de Mujica Láinez –un gay posmartinfierrista: llamaba a Victoria “gaucho con concha”)
[1].

En realidad el gaucho y las conchas estaban divididos y hay que esperar hasta los años 70 para encontrar su aparición sintética: Osvaldo Lamborghini. O la gauchesca enconchecida.




[1] Para un análisis de la enemistad entre Borges y Fernández ver “Correspondencia Borges Macedonio” de Carlos García.

Ni Perros Ni Peronistas (La Amistad es un Robo 1)

[Witold Gombrowicz]



Una célebre frase de un maestro de nuestra adolescencia bis: Michel Foucault: “la amistad ha desaparecido”.

Este maestro había enseñado que como - del victorianismo al Big Brother de la masarquía contemporánea, o desde los valores manifiestos de la modernidad o del cristianismo o desde cuando fuere - los arrumacos y penetraciones entre varones han sido punidos, condenados, la amistad, la antigua filía, ha desaparecido.

Probablemente no sea la única causa verosímil. La sociedad moderna poco se parece a la de la ciudad-estado ateniense, donde la esclavitud, no encubierta, asumida, era además de manifiesta parcial. Aquella amistad con derecho a flirteo y más, la de los amigovios griegos, era, como decirlo, inter pares; afuera quedaban las mujeres, los apolíticos, los esclavos, los perros y los árboles.

Ni perros ni peronistas. El mejor amigo del griego, es el griego. Para un griego no hay nada mejor que otro griego.

Así sería la Amistad en la era de la Verdad.

En la era de la Sospecha – Pólemos-sin-Aletheia o Pamparanoia-Massmoderna -: no nos dejamos tocar el culo.

O, mejor dicho, hemos llevado la tocada de culo, a su abstracción en lo simbólico, con la consecuencia de un cambio de signo: de una pedagogía del placer a una homoagogía del abuso.

Curioso que el mayor teórico contemporáneo de la tocada de culo haya sido el Hombre-de-Retiro. Gombrowicz en definitiva, cuyas prácticas sexuales – se sospecha – eran bastante filosóficas, bastante políticas – en sentido originario de los términos -; bastante griegas. Gombrowicz, un filósofo griego en la máquina del tiempo, un filósofo griego con equívoco de pueblo: nacido en Polonia en el siglo XX, exilado en Retiro; retirado en la Argentina.

Un Sócrates arrancado de raíz. Un Sócrates después del ostracismo, o con ostracismo previo. Un Sócrates con itinerario existencial invertido. Lo que da como resultado un Diógenes con traje; un Diógenes de pensiones, un Diógenes capaz de dar conferencias, un Diógenes del Café Rex, con ajedrez, medio pederasta y medio puto, aún socrático.

Una especie de pariente salvaje de Michel Foucault; sin academia, sin éxito; y radical de origen: nada de malentendidos con juventudes comunistas, aparatos marxistas, ni progresismos libertarios.

Si bien de Platón a Perón hay una continuidad – hay que decir – jegueliana (un monismo que se enuncia así: lo real es racional: o la única verdad es la realidad -, del platonismo al peronismo hay una inversión evidente: Platón demandaba a sus alumnos – se dice – que no fueran platonistas, y para un peronista no hay nada mejor que otro peronista. El peronismo-sin-Perón, aun con Perón en vida (en el ostracismo) pero sobre todo con Perón muerto, es lo inconducente, la inconducción: ha conducido a la esquizopoliteia, o de la acefalía al desastre.

Ni diogenistas ni platonistas podría haber sido una máxima del Movimiento.

23/6/08

Yo Te Plagio, Laiseca


(Plagiar es más lindo)



(Ampliación extremizada de los teoremas pro plagio vertidos por tal autor en “Por favor ¡plágienme!”[1])





Mi lucha: discurso del método del plagio




Plagiar es más lindo.

Crear, crear es venir de la nada, es horroroso, es un vacío del que no se sale o no se sabe si se sale.
Es la isla Fernández. Es ser Crusoe. Es horroroso. Es ininteligible. Es estar totalmente perdido, en una inmensidad cerrada. ¿Qué clase de casualidad, de error milagroso, permite que otro vea la creación del que crea? La sensación de crear (no habría otra cosa) es uno de los pavores más inefables de la experiencia general de la vida de un artista.

En cambio los dones del plagiar….Ah, los dones del plagiar.

Plagiar, para decirlo todo…por boca del plagio.
Plagiar, para mejorar, para optimizar, el original. El plagiario, es, por sobre todas las cosas, un perfeccionista.
Plagiar, para sacar al animal de su medio; para enrarecer un enunciado, afuera de su contexto.
Plagiar para no ser uno, para escapar, para ser otro. ¡Plagiar! ¡Plagiar! ¡Plagiar! ¡Huir! ¡Huir!
Plagiar, por amor. El plagio mimético, el plagio completatorio, el plagio perfectivo, el plagio adaptativo. El plagio eternizante. Plagiar para adaptar al nuevo medio a la obra.
Plagiar para estar con otro. Plagiar para no tener escracho; pero plagiar con el cuerpo entero, incluso ¡con el cuero desgarrado y perforado de plagio!

Plagiar pero plagiar plagiar. Pero plagiar es más lindo.

Pero plagiar es más lindo.




Entonces ¿Para quién plagio yo?




Se plagia para soñar poder estar con alguien. Se plagia de hipócrita a hipócrita; de lector a lector.
Se plagia para tener un lector. Como decía el verdulero de la cuadra de otro: “los solipsistas no plagian” (plagio).




Autoplagios de otro



“La primera lectura es la que cuenta: plagio.”


“Dejadme no ser, dejadme plagiar. Apiadaos de un hombre in feliz.”


“Cuando uno no tiene un lector afuera se condena al plagio, quiere seguir siendo el lector ideal del maestro cuando el maestro ya calló”.


“Se plagia para glosar de una forma más fiel, devota, o mejor cristiana, en este sentido: el de ponerse en su lugar, en el del otro.”


“Con la excusa de plagiar, poder decirlo.”


“Yo, por mi parte, soy un clon, no, no es que plagie. La biología, el delirio.”


“Plagiar con el cuerpo, amigos. Pasionalmente.”


“La dicha de plagiar no a todos – como hacemos todos – sino a algún particular. Plagiar el suf
rimiento.”


“Yo escribo lo que me pasa, o sea plagio”,


“Plagiar para no ser igual a nuestra propia vida”.


“Mi plagio es sin imperativo, inercial, me sucede antelándome, y ésta es mi mayor virtud: yo mejoro los originales. Soy: como los reparadores de pinturas, y como ellos lo que pido que se vea es eso, el objeto reparado.”


“Plagiar es hermoso y es lo mejor en literatura, sobre todo, si se hace a la vista. La mediocridad en literatura es plagiarse a sí mismo.”


“He logrado mis mejores obras plagiándome, plagiándome sin pudor. ¡Maldito plagio que fascina!”




Pequeña clase sobre el plagio



Ser un escritor auténtico es plagiar.
De los errores de plagio, salen las “originalidades”. Del plagiar los errores de plagio, salen los escritores a ser plagiados. Plagiar y plagiar y plagiar los errores originarios de los plagios originarios es la tarea del peor escritor, del escritor impostor, del escritor autoplagiante, del escritor candidato a éxito, del escritor en una palabra.
Ni sé quién soy cuando prendo la pantalla. Necesito una horita de leerme para remontar mi estilo, para recordar mi estilo, para afeitarme y seguir siendo el mismo.

Están dos tipos de plagiarios: el plagio que denuncian los giles, y el plagio que pagan por bueno los giles. Pertenezco a los plagiarios de la primer camada, a los que plagian a un par de autores que saltan a la vista, a los que uno va a plagiar porque quiere que sigan escribiendo. Porque quiere seguir leyéndolos. En este caso es ne`sario hasta el plagio calcado, que sin embargo siempre es compulsivo, invisible, inesperado, inveterado, inervatorio, perentorio, necesario, vivido, auténtico.
El plagio-Macedonio no es el plagio-Bucay. Porque es de no autor a no autor. No es punible ni penable. Ni apenado.

El segundo plagio es el más común, el de todos contra todos. El que pide la hinchada antiplagio. El que sostiene el macronegocio de la literatura en general, el que no puede ser descubierto, el que funda géneros, gremios gramaticales, y buenos escribires.

Conste que en ningún caso hablo de la calcomanía. Hablo del plagio transferencial, del plagio-popa.

Por más que plagies marrarás. Y no hay nada más lindo que leer la diferencia del plagio y el original. Yo leo las fallas del plagio, y en esas grietas acecha el genio. El que las descubra te leerá la cara. Y tendrás que ir a plagiar a otro.

Pero plagiar…es más lindo.




CONCLUSIONES



Hay que fundar el género plagio artístico-genial-explícito. Tarea de soberbia modestia, de modesta soberbia. Día a día de la literatura. Verdadera voluntad de poder literaria. Hay que hacer que se pague este trabajo. Si la obra de arte es inútil – como se blasona por ahí – la obra de arte plagiaria es la inutilidad de las inutilidades.

Hay que plagiarse más.





Onanismo polígamo




Otro elemento del plagio genial. El destinatario. Uno se figura un lector ideal, pero que a diferencia del caso normal, es prestado. Es el lector ideal de Bécquer, de Beckett, o de Magoya, supongamos. Y entonces escribe para él. Para ese ser imaginario pero que – de algún modo o en alguna parte – es real o, es lo real. Y le rinde este homenaje, le da este regalo. En este caso quiero imaginar con rebusque evidente, la literatura es lo contrario de la masturbación. Por primera vez en la historia. Porque uno le quiere hacer un hijo a ese presunto e inverificable lector en vida en nombre del autor muerto. El lector es la cuñada de Onán. Como aquel murió y queda en su viuda, el Lector Ideal, el deseo de obra de aquel, uno se postula al lugar del hermano para remplazarlo póstumamente. Hace lo contrario que hizo Onán. Reclama la filiación que no tiene y busca preñar.





Ética a Plagiómaco



Plagiar a primera vista. Plagiar a ojos cerrados. Plagiar a la vista. Plagiar pasionalmente. Plagiar con el cuerpo. Plagiar el sufrimiento, y sufrir el plagio. Plagiar por inercia. Plagiar para corregir al plagiado. Plagiar para seguir leyéndolo. Plagiarse para seguir plagiando. Ser un genio del plagio. Plagiar a los genios para ser un genio y poder soportarlo. Mezclar los plagios y fabricar monstruos espantapájaros de plagiados. Plagiar para no histeriquear con los vivos. Plagiar para histeriquear con los muertos. Plagiar para escribir. Escribir el plagio. Vivir el plagio. Plagiar para vivir…


Conste que he sido auténtico, no he sido original, he sido fiel y he plagiado a “Por favor ¡Plágienme!” de Alberto Laiseca, simulador del plagio. En cambio yo ¡yo sí que plagio! ¡La pucha que vale la pena estar plagiando! ¡Carajo!




[1] Beatriz Viterbo. Ros. 1991.

16/3/08

La Filosofía Como Bovarismo o Mejor al Revés


(Bovarista & de Central III)


Yo soy bovarista y lo quiero ser. Porque los bovaristas se echan a perder.

El bovarismo es la patología de aquellos que creen ser una cosa, y son algo peor que esa cosa. Es curioso que todos se regodeen con este tipo de definiciones, que parecen de una manera inmediata poner al bovarista, como diría Lamborghini, en el lugar del boludo.
¿Quién habla?
¿El Gran Otro? ¿Vox Dei? ¿Vox Populis?

El tema, para nosotros, filósofos, es cómo son las cosas. O sea, esto es, vale decir: para el otro del bovarista el ser del bovarista no es un noúmeno. Es un hecho, una idea, un ente.

Lo que hay que estudiar es, a quien hay que juzgar es: al otro del bovarista.

Sin un bovarismo de base: no hay filosofía. ¡No hay filósofo!
¿No eran bovaristas Tales Heráclito Sócrates Aristipo Platón?
No eran bovaristas porque el bovarismo es una patología específica de la modernidad en su fase industrial.
Imaginemos un otro del filósofo – del filósofo original – poco griego; sedicente, murmurador, chancero, vivo, sacamanos, cínico. Aristófanes bardeando a Sócrates.

- Miralo al gil de Anaximandro, la va de cosmólogo y no sabe ni caminar sin tropezarse. No puede filosofar y mascar chicle a la vez.

La causa del filósofo será soltarle los perros al… al: otro del bovarista.

La pasión por ver al bovarista como otro se la dejamos a las Ciencias de la Envidia, a los manuales de sicología barata, al automatismo de la vulgata de las ciencias sociales organizadas como Resentimiento.

Madame Bovary soy yo.

Y.

O.

15/3/08

Madame Bovary, También Yo


(Bovarista & de Central II)



Suele hablarse del bovarismo como de un “estado de insatisfacción crónica de una persona, producido por el contraste entre sus ilusiones y aspiraciones y la realidad”.

Tentativa de enumerar los elementos del bovarismo:

Alguien le llama “enfermedad de transmisión textual”.

Lo más interesante del bovarismo – para nosotros, lectores – es que es una patología de lectores, la patología del lector, junto quizá con el quijotismo, si es que difieren en algo. Locura y lectura, o sea el tema del Quijote; en otra versión, cómo decirlo, más histérica, más femenina, y por ello más común. Hay más bovaristas que Quijotes, incluso en las huestes masculinas. El Quijote no estaba encerrado en un manicomio porque mal que mal era un hidalgo, y porque no era época de demasiados asilos. El bovarista, tiene medio cuerpo en el principio de realidad todavía. El bovarista tiene vida social. El bovarista – macho o hembra – es modernamente mujer.

Así que los elementos son la mujeridad o feminidad; 2) el provincianismo, el medio pelo, y la fascinación con y la confusión con la vida glamorosa, un ascenso de clase que se hace a medias y se cree la otra mitad.

Es una esquizia que pone la lectura entre la imagen de sí, y la valoración colectiva que en ese mismo contexto se tiene del mismo objeto - : lo que pasa por “realidad objetiva”- . Es una alteración y un desfasaje entre la propia percepción de uno y de los hechos, y la de los demás como portadores colectivos o hegemónicos del ser de lo real.

Escritura y esquizofrenia son como concomitantes (¿Mc Luhan lo escribió?). El bovarismo básicamente es una especie de itinerario esquizo ligado más específicamente al lado de la pasividad, de la escritura pasiva, o sea: la lectura. El bovarismo es mujer, es histérico, y nace en la época de la Histeria. El bovarista no se pasó todavía de la raya, es todavía más bien un neurótico.

El bovarista es el lector-heroína. Quizá, por eso, entre sujetos con pene adjunto – llamables chomas, masculinos, señores – sea más frecuentemente una enfermedad de escritores; de gente que, más bien, lee para escribir (para ponerse las plumas); el quijotismo: de gente que – más bien – escribe para leer (para no ver las vísceras de la realidad, y proyectar de hecho seudoinminentes mundos de nobleza).

El esquizoquijotismo y el esquizobovarismo son como la misma patología: como la versión viril y la mujeril de lo mismo, respectivamente. Obvio: esto es bien independiente de la condición anatómica y jurídica de cada paciente en particular.

En cuanto al mundo genital-vincular, el quijotista está cortado por el modelo de masculinidad cortés. El bovarista también desea a la mujer del prójimo; pero se acuesta con ella. Para fracasar. Realiza y fracasa. El otro realiza no realizando. Triunfa en la contención, en la constante diferición. El bovarista es como un quijotista gay. El quijotista es un bovarista como en regreso a la lactancia, soporta todo a base de imposición de inocencia naif. El bovarista es un quijotista caído, que registró la maldición y la afrenta y quedó truncado ante el Gran Otro, es un quijotista con ennui, con tedio, bodeleriano.
El quijotismo huele a pampa a mancha, a castillos o estancias, a aristocracia compungida y desclasada. Lo asocio de momento a Macedonio. El bovarismo huele a modernidad a decadencia a burguesía a plebe a malestar a mal a pueblo y ciudad. Lo asocio a Baudelaire y sus putas.

Encontraremos más quijotistas entre lectores de Marx de Bayer o de Galeano; entre antimodelos con remeritas del Che; entre lectores de Zitarrosa. Encontraremos más bovaristas entre lectores de Proust, Deleuze o Lamborghini; entre lectores de Charly.

Me parece.

Hoy la dominante pueden ser más los telebovaristas, que los Quijotes y Emmas por culpa de las novelas literarias. Pero el massbovarista no es sólo la tilinga que mira las telenovelas de Andrea del Boca – si es que todavía las hay - . Hay el bovarismo de Grondona y el de Aliverti; y de T.N. En última instancia, si el bovarismo no fuera la condición general de la subjetividad, existiría Dios.

Ciertamente está el bovarismo literario, y está el bovarismo ¿cómo decirle? ¿gregario? ¿general? “Enfermedad de transmisión textual”, pero: si todo es texto… O sea, en un sentido extendido, se asocia el quijote-bovarismo a la Matrix, al Trumman Show, a La Vida es Sueño, a No Toda es Vigilia, a la Caverna platónica… en fin, los fenomenoexistencialistas de los 50 hablaban de la inautenticidad; los marxistas, de la alienación y de la mercancía fetichizante. Cual más cual menos todos somos bovaristas…

Está el bovarista militante, el bovarista asambleísta, está el bovarista Cohelo o el bovarista autoayuda; el bovarista que lee sicoanálisis, el bovarista borgeano, el bovarista universitario posdoctorado; el bovarista tinelista, el bovarista C.Q.C… es tan ancho el mundo. Está el bovarista unipersonal, y el multitudinario, el corporativo. Está el bovarismo analfabeto. Pensar que Artaud escribía para ellos. Está el bovarismo socrático… de transmisión oral. Está el de transmisión radial (todavía existe), el ciberespacial, el de “los libros de textos” (el gran bovarismo trazado por la generación del 80, el gran bovarismo estatal), en fin; con estos criterios es inútil hablar de bovarismo. Convertirse en un deconstruccionista totalitario del bovarismo es una tarea no grata.


Un detalle: Cervantes siempre manifestaba su distancia personal con el Quijote y su contraste ideológico; ese es el supuesto fin de la fábula. Hay que esperar siglos a Unamuno para lo contrario. Flaubert, si bien deploraba a Emma Bovary bajo el “estilo libre indirecto”, dijo la célebre frase: “Madame Bovary soy yo”.

Así las cosas, entiendo que en el mundo de los lectores, o: en el mundo – en este mundo teledirigido o, quizá, en todos los mundos podidos – hay dos grandes clases de subjetividades discriminables: quijotescos y bovaristas
[1].





[1] Sobre el bovarismo en Rosario recomiendo este artículo:

http://www.rosario-12.com.ar/2003/08/09/tcontratapa.htm

“Diga lo que diga la ciencia, hasta en Rosario, cada dos cuadras hay una librería de viejo. Los bovaristas no vamos a parar hasta ver toda la Peatonal Córdoba convertida en un solo "Pez Volador".”

Sobre bovarismo argentino actual:

http://www.lanacion.com.ar/archivo/nota.asp?nota_id=215916&origen=acumulado&acumulado_id=

Bovarismo y platonismo masivo-televisivo según Tabuchi y en Viña del Mar:

http://mt.educarchile.cl/archives/MEDIA26.2.pdf

Profetización de un gran bovarismo masculino actual, o de la masculinización del bovarismo:

http://lalectoraprovisoria.wordpress.com/2007/08/14/la-mujer-no-es-como-el-oso/

13/3/08

Bovarista & de Central

("Palma ¿por qué me has abandonado?")


Después de cada libro que leo soy de alguna manera otro, aunque los otros no quieren muchas veces darse cuenta, ya que suelen pedir que me adecue a la idea que ellos forjan de mí. Y si no lo hago lo hacen ellos, de todos modos.

Y aunque, al poco tiempo –es probable, y lo dicen las malas lenguas-: vuelva a ser el mismo.

Pero es así y casi no exagero. Leo para ser otro. Leo para tamizar mi estructura, mi pasado, mi inercia, en el embate y la impresión de lo leído. ¿Si no es para eso, para qué aburrirse leyendo? ¿Para acumular datos y citas posibles? No, el Intelectual está muerto. Este tipo de provecho que deparan los libros, da más reveses que simpatías.

Leer para decir que se lee no es el único fin en la vida. Ni en la quieta y jactanciosa vida del Lector. No está mal para escupirle la cara a algún idiota; la agresividad es posible, y necesaria. Pero, en última última instancia, uno lee para sí mismo. Para dejar de ser sí mismo. A este lectoempiricismo radical citado podemos llamarle: bovarismo mutante o vertiginoso; bovarismo in progress; bovarismo camaleónico.

8/7/07

La Causa del Cínico


¿No entiendo, o no quiero entender?



("La Ética" de Alain Badiou)









“La única verdad es lo real”
Perón leyendo los Seminarios


a García Ponzo



De la Metafísica como Mal a la Metafísica-sin-Desastre




Como era de esperar, tenía que llegar el momento en que el imperio de los filósofos de la sospecha, de los filósofos del lenguaje, de los filósofos crípticos, de los filósofos loquillos, entrara en merma. El pressing de los honestos hombres de la universidad se hacía irresistible, se sentían incómodos teniendo que sostener esa mole embarazosa de significaciones que no cuajaban demasiado con sus mesurados estilos de vida. La resurrección del pragmatismo, siempre más modosito que esos galos seudopeligrosos en el papel de teóricos del hampa, con sus neotolerancias y liberalismo civil (no-salvaje), es un ejemplo. Otro es Badiou, un hombre que se dice pla-to-nis-ta, un hombre que dice saber de matemáticas. Podemos comenzar a respirar un poco más tranquilos. Esto es a primera vista más digerible para un empleado del sistema universitario: un señor que hable de platonismo y matemáticas y no de trasgresión, alcohólicos, esquizofrénicos, o de defender a los fuertes de los débiles.


Volvemos a recitar una vieja pregunta que se formuló a la vuelta de casa: ¿Es necesario ser-bueno para ser-filósofo? ¿Eran Malos o Buenos Lacan, Althusser y Foucault? Es la interrogación con respuesta adjunta que lanza Badiou en su prestigioso opúsculo llamado “La Ética”. ¿Eran pregoneros de la resignación a lo que hay, de la indiferencia al destino de la gente, de, en definitiva, el cinismo, el alarmante cinismo, el cuco-cinismo? No dice Badiou, eran “militantes atentos y valientes de una causa”. Del bueno y el malo, al cínico y el fidel hombre. Hay demasiadas sospechas en torno a las bondades de eso tres sabios extintos y páginas acumuladas a ese propósito[1]. Olvidémoslas hoy, empero, y sigamos con Alain. ¿Qué eran entonces estos prohombres de la Idea francesa? Eran fieles dice su amigo. Y fidelidad y causa para Badiou suponen ética, verdad y acontecimiento. ¿Pero eso qué significa? ¿Abolir el lado oscuro de la luna, la condición proteica y escindida? ¿No se es fiel y cínico a la vez? ¿O el mundo se divide en Fieles y Cínicos? Fiel es el Antianimal que conceptúa Badiou. El No-ser-Paralamuerte. En tanto que tal. El “Inmortal”.
Recuerdo una frase de Borges que no recuerdo sobre la inmortalidad. Decía algo así como que siempre hay alguno que se cree el primer inmortal. Y Alain Badiou hace de la inmortalidad una filosofía. O una filosofía para inmortales. No es ni la inmortalidad cristiana ni la inmortalidad macedoniana en la que podría acaso haber pensado Borges en ese momento. Contra el “vacío del hombre desaparecido” de esa forma parcial del macedonismo que fue el fucoltismo y su furor todavía en vigencia, y ante el enigma del Supermán nischeano que no se supo nunca muy bien qué era dibujó su Inmortal, que tampoco parece ser ese sujeto de la especie al estilo del mezzodarwinismo de Schopenhauer. Es… es… ¡es un Platonismo!. Es, a diferencia del depredador-víctima, una entidad capaz de “entrar en la composición del devenir de algunas verdades eternas”. Tanto la Bestia Vitalista como el Serparalamuerte hipocondríaco de los jaideguerianos están más allá del Bien y del Mal. En cambio esta forma novedosa de “platonismo”, que no se ve por qué no es un relativismo, alienta por lo tanto una Idea-de-Bien sin embargo antitotalitaria. O sea…re… ¿relativista?
[2]
¿Relativismo como eternismo singularista?


La “ética” normal ante la que adversa la de Badiou es religiosa: tiene un concepto negativo y victimal de “Hombre”. Pero para Badiou sólo hay ética de. De los procesos singulares de advenimiento de verdades. La ética de Badiou entonces no es religiosa pero es ontológica, si lo ontológico tiene que ver con la verdad, y en este caso la verdad tiene que ver con los valores. El no-valor –la “economía”, por ejemplo– es una voluntad de nada, de muerte, nihilismo negativo-pasivo en Nietzsche básico. Se sabe en realidad que separa verdad de ser y sentido, y deja el ontos a la “matemática”; o sea que es una ética no ética pero no ontológica · La ética badiuísta como ética de las verdades propone, tal como la piara epicúrea procuraba la evicción del dolor, evitar el Mal, esto es, el simulacro, el terror, la traición, y el desastre.


El Mal es terror, traición y desastre. Y simulacro. Algo parecido a aquello a lo que los campeones de la Escuela de Viena llamaban “metafísica”, un vicio que, básicamente, consistía en expresar lo inexpresable, nombrar lo innombrable, es tenido por Badiou como la forma ejemplar del desastre. Querer la nominación de lo innombrable a cualquier precio – dice – bajo la condición de una verdad. Eso es el Mal y el principio del desastre. La democracia flagrante, la que existe, es el Reino del Estado Cínico, relativista; el Emporio del Sofista. Hay que sacar al Filósofo del lugar del Sofista. Y a Lacan, Althusser y San Foucault. Foucault y Deleuze querían alegremente ser metafísicos, fantasmofísicos se decían. No se trata de poder o no erigir una metafísica de acuerdo al sino de una fatalidad. La metafísica es posible –al contrario del autoengaño positivista, una metafísica denegada-; incluso es posible sin-Mal. Metafísica-sin-desastre. Badiou prefiere la palabra filosofía, aunque se sabe por Foucault que el sicoanálisis también es una metafísica. El denunciado o descrito estado-cúlmine de la Metafísica no impide la invención de metafísicas singulares, ni obliga al Simulacro-de-la-Metafísica, o a la Metafísica del Simulacro, con su Terror su Traición y su Desastre. Si el Mundo está lleno de Fascistas no hay que incendiarlo. Es más: el mundo lo que está es lleno de Fieles. Hubo un día de la lealtad, y hay una ética de la fidelidad: ¡Avancemos!, dice.





El Cínico & la Histérica: discontinuación de Badiou



Badiou nos dice: los sofistas actuales son los llorones de la otredad, la tolerancia, la diferencia, el respeto a la multiculturalidad. El sofista bueno. El sofista cristiano-cantiano, el que dice que hay que ponerse en el lugar del otro. El todo-otro, el todo-al-otro. No hay una Gran Ética total o general. Hay lealtades. Tampoco dice: al amigo todo, el enemigo ni justicia. ¿Evita (o) Vive? El Animal vive; el Badiou evita. El “Mal”; evita el mal. La fórmula no es “ni yanquis ni marxistas”. Es ni cínicos ni cristianos. O de otra suerte: ni cínicos ni cantianos. ¿Hay un jeguelianismo reservado en Badiou, antitotalitario llegado el caso? ¿Una especie de afirmación de la tradición de aquello llamado Sittlichkeit, enfrentado a la idea de una Moralität inubicable?
Doble batalla: contra el Sofista-Cínico, y contra el Sofista-Religioso. Contra el Sofista-Cínico la lucha contra el Infiel, ¿una cruzada? Contra el Sofista-Religioso, una mezcla de Levinas con Cavallo, o sea el otro absolutizado y la economía como un destino y un novalor -especie de discurso-único del bien banal in fraganti- , la Lealtad-a-un-Azar-redoblado-en-Eterno. Un platonismo molecular. ¿A qué se puede dedicar un filósofo badiuísta? ¿A un arte de la sospecha orientado a discriminar el trigo acontecimental de la paja simulacral? El filósofo puede defender una Causa, una Idea, un contenido. El filósofo es un faccioso. De cara contra el Mal (a saber: simulacro, traición, desastre), es un faccioso pro-Notodo. Un faccioso, no un fascista. Cultiva una Verdad, y pelea por ella; dentro de un límite: el de la evasión del Mal. En realidad no es un faccioso; no se trata de adhesión a un hato sino a un hiato, ni fidelidad a un alguien. Más bien a un ángel, al ángel de un real. Fidelidad al acontecimiento. Fidelidad al agujero.
Encuentro, profiere en alguno de sus libros el escritor lacaniano de Junín Germán García (que lo agasajó en su caída a la Phampa), es una palabra que suele estar en boca de las histéricas. Interesa momentáneamente este uso bien pampeano de lo lacaniano, más cercano a un automatismo de la sospecha acaso antifilosófico que a los propósitos contemporáneos de hacer encontrar a Lacan con la Filosofía. Manto provisorio de sospecha y cachada para acercarse a Alain Badiou. Palabras afines –en esa boca roja- : fidelidad. Y en el teatro lacaniano teníamos –acuerdensé– a la Universidad, al Amo, a Lacan, y a la Histérica. Esta salida de Lacan del seminario lo lleva a ¿dónde? ¿El “Sujeto” de Badiou es el de Lacan, o el sujeto del sicoanálisis? Aparentemente no.

Dos adversarios, que pueden ser el mismo: los pregoneros de la indiferente resignación y “los sostenedores de la `ética´ y de los `derechos´”.
El “cínico” es… ¿el Animal-Inmortal? En tanto que Animal-Inmortal el Filosofo ¿qué es? ¿Un Cínico? El Filósofo, enton, no es “el Hombre”. El Hombre, antaño animal-racional, hogaño fiera-inmortal, es – gay-discreto o Klint Easwood
[3]– “Foucault” en cuanto queda atrapado (o atrapando) en una –como diría Sabato– encrucijada: el ejercicio del homicidio epistemológico (“Las Palabras y las Cosas”), y el reclamo de los Derechos Humanos (“último-Foucault”). Derecho a una tumba digna. El “Filósofo”, pues, habla – como diría Foucault mismo – como portavoz y grama de una Causa, de la vigencia de un acaecimiento de Verdad por el que fue cooptado, en tanto que tal; o sea, que Inmortal. No como Animal (id. est.: Victimavictimario). Y el “Filósofo” en cuanto “Hombre” ¿qué es?: un “Cínico” parece: un señor que sale a decir que no existe el hombre y que sí. ¿Existe el “cínico”, o sólo hay formas, malversadas u óptimas, de fidelidad? ¿O sólo hay fieles? ¿Cuál es la Causa del Cínico? ¿El Cínico es un rebelde sin causa – un otro de dios cualquiera- o es que hay una causa del cínico? Axiomáticamente, sería la causa de las opiniones y los saberes en cuanto se encuentran –enfrentan- con un acaecer veritativo. Pero el pregón de la resignación a lo que hay y la indiferencia al destino de la gente – si existe ese ente configurado maliciosamente aquí - ¿no tiene fidelidad posible? Me quedaré pensando en eso, en el ejercicio y el arte de detectar al cínico, y tirar la piedra prima. ¿Quién es el Cínico? ¿Quién es cínico?





Encuentro con el de moño



Da la sensación de que hay una idea en Badiou que es de inspiración sicoanalítica y lacaniana. Badiou tiende a relacionar con probable tino filosofía y desastre. Deuda extraña contraída de aquella tradición que empezó con Sigmund Freud, que como debe de haber comprendido Deleuze, tenía tanta mala espina con los “filósofos” como con los “esquizofrénicos”. La sicosis y las filosofías son como el Mal del froidismo. Y esta idea pasa de una manera al inventor de la “antifilosofía”, un tal doctor Jacques. Sin embargo, a tipos que Freud tuvo por filósofos, Badiou tiene por antifilósofos; caso ejemplar Federico Nietzsche. Y entonces el “desastre” pasa a coyuntarse con los, más bien, “antifilósofos”; probable excepción en el propio Lacan. Así la “filosofía”, pasada por el sicoanálisis, se desparasita del lastroso desastre pretendiendo avizorar de nuevo una especie secularizada de remozada Idea de Bien, no exactamente la de Papá Platón, que fue el precursor y abanderado del desastre filosófico mundial. Desastre sería ocupar un vacío, no con otro vacío como hacía o decía que hacía Macedonio, sino con un afán de lleno, lo que para la malicia desacreditada de los froidianos es algo como una pasión morbosa por lanzarse del ruedo de las faldas al misterioso fondo del útero, la forma equívoca, fallada, de la filosófica preparación socrática para la muerte, Tánatos. Ora cosa sería la eu zen de resignarse a esquivarle al Mal.

Nietzche, Marx y Freud se abrazaban invirtiendo al platonismo y a la par al sicoanálisis en los locos años del Antiedipo, mancomunando positivamente a los filósofos con los chapita, los esquizos, codeando fuera al lacanismo demasiado humano. Badiou desinvierte al platonismo y saca a Lacan a la episteme y la plaza pública, al histeriqueo con el Eidos y la Ortosdoxa, esto es a una Weltanschauung, a ese lugar donde Lacanfreud decía-n no ir pero…iban. Un nuevo freudomarxismo sin freudomarxismo saca la chapa del doctor Lacan para escribir sus aguafuertes matemáticas.





Platón Platón
(Finida)



Un filósofo que hable de las éticas, de las verdades y del bien asusta a los chicos malos como uno. Espanta.
Sentado siempre en los últimos bancos, el de los que leíamos a los franceses que leían a Nietzsche, acostumbrados al estilo “épater le Platon”, nos apoltronamos con decidida desconfianza para la lectura de un filósofo con tal catadura.
Deleuze un sofista contra las ominosidades profijeza de la multivosidad de las significancias en los discursos, en tanto hacedoras de la vil mudanza de la doxa y el fascismo del deseo; un sofista cultor del “concepto”. Badiou un platónico sin Topos Uranos, de la singularidad de los acaeceres. Se enrarece la cosa. Vista así, podrían estar del mismo bando. El Platonismo y el Invertido. El “Platonismo Invertido”, por lo menos en Deleuze, no es una “Antifilosofía”. Parece que eso dice Badiou. Deleuze contiene al platonismo inverso del maestro Nietzsche fuera del circuito de la práctica antifilosófica, ejercida por el mismo Nietzsche.

Siempre los filósofos se están queriendo ubicar en un lugar de privilegio, quizá no sólo los filósofos. Badiou tiene un cierto sentido épico, y cree en la herencia. Se declama heredero pero de los antifilósofos: Lacan, Nietzsche, Wittgenstein, cita. El siglo XX, se podría pensar, fue un siglo antifilosófico: con la chapa de la filosofía vendió, en sus nombres más conspicuos, antifilosofía. Badiou los recoge, recoge el legado de esos grandes forasteros y los asimila a una filosofía en certeza. “La filosofía es siempre la heredera de la antifilosofía.”

El gusto clásico que impone Badiou, tengan la seguridad, va a ser bien aceptado en esta época filosófica argentina, con todo el júbilo que los búhos pueden dejar traslucir en su talante inmóvil. Dice dejar hablar al sofista como quien dice a los locos hay que seguirles la corriente; dice perder al antifilósofo cuando la filosofía se recobra de su convalecencia, cuando “ha establecido su propio espacio”. Y uno puede sospechar que estamos en ese momento, y puede sospechar que, quizá, gracias al señor Alain.

Tiene un elemento álgido, ríspido Badiou. Un señor que todavía se dice maoísta, que putea contra el parlamentarismo y la economía de mercado, que invoca a la escuela del hampa frachuta (Althusser, Lacan, Deleuze-Foucault…), no es alguien al que uno querría así como así entregarle a su hermana como si fuera un promisorio y honesto abogado. Pero el M.O.F.A., el Movimiento Obrero Filosófico Argentino, sabe el arte del despistado, y saber hacer pasar por abajo esos deslices menores, esas notas de color del resto no filosófico de una vida filosófica, con tal de acaparar con albricias la llegada de un nuevo gurú de la Academia, de la academia en su sentido etimológico condescendiendo a su sentido flagrante. Alguien que con el aval de venir de ahí y ser del mismo palo, con gesto amigo nos convida a, sutil, gentilmente, codear fuera al sibilante o aturdido imperio de la desmesura de los poetas y los sofistas, de los Heidegger, los Niestzche, los Derrida, los Hermenéuticos, los Posmodernos, los…en fin. Y el que no sepa geometría, que se las pique a su casa…





Cachando flogistos
(Finida Bis)




El propósito de Badiou es restablecer una nueva retórica fuerte de resurrección del discurso especulativo-emancipatorio condenado por ahora a un expandido estado crítico mundial, a un irrespirable manto de sospecha en todos los campos del orbe; recuperar la dialéctica, sino la marxiana, al menos la platoniana. Y nada de apelaciones maricas a la buena voluntad, al imperativo categórico o a la otra mejilla. Las formas del hedonismo, utilitarismo, vitalismo, cantismo, jaideguerismo, nihilismo, son retrucadas por la ética veritista. La comunicación, incluso, es doxa, no verdad: abajo también los consensualistas comunicativos estilo Habermas, y abajo todos los que quieran creer en la creencia; es otra cosa: fidelidad: "Ama lo que jamás creerías dos veces". Y va con toda: dice Verdad, dice Platón, dice Matemáticas. Y le adosa Humanidad, le adosa Bien. No dice Poder; dice Emancipación. ¡Y esto en nombre de Lacan, Foucault o Deleuze! ¡Puede ser una fiesta! Un sueño hecho realidad para el comentarista acá(en)démico nacional…
No me caben dudas de que el pensamiento de Badiou es de una ingeniosidad brillante, de un poder suasorio sobresaliente, y todo en términos puntualmente filosóficos e incluso neofilosóficos. Promueve, más que nada, el deseo doble de aniquilar al lacanismo y al fucodelecismo y a la vez de celebrarlos, algo que todos queríamos.
Siempre será una tarea facciosa, fracciosa, diría, la de discriminar dónde hubo un simulacro, dónde un acontecimiento. Las guerras podrían producirse por ese motivo, porque uno dice esto fue un acontecimiento, otro esto al revés un simulacro. Para Badiou parece estar bastante claro, no para uno. Parece incluso manifestar una especie de Evolucionismo (o Progresismo) Acontecimental en la historia: la Revolución Francesa, la creación galileana de la física, Haydn, la teoría de los Topos, la invención de Schönberg del dodecafonismo…
Un filósofo de la Fidelidad es, no por nada platonista, un filósofo del amor. Y de la amistad también, en una era –filosófica- que había sentenciado no sólo el vacío del hombre desaparecido, sino que “la amistad ha desaparecido”. La fidelidad se sostiene con el coraje dice Badiou, que por eso podría ser sindicado de – ya que estamos – neoborgeano, de profesar o propalar el culto al coraje. Pero Borges, humeano demasiado humeano, pertenecía a otra escuela, la que según Borges mismo iba de Aristóteles (sic) a Hume y James, los antiplatónicos. Pensando en los amoríos “consistentes” podría ser algo así como la viuda de Sartre, competidor con mango del Castor; porque para Badiou la mujer tampoco existe, consiste. Contra el auge antiguo de la cachuza “máquina célibe”, nos habla recuperando un viejo lenguaje aliancista de fidelidad como aquel años ha de “compromiso”. Pensando en lógicas de amigo/enemigo y de lealtades lo veo más bien de una proficua utilidad neoperonista. Un “¡Avancemos!” sin economía popular de mercado en la boca. ¿Cabe justo en la Era K.?

Agradecemos a Badiou
y a esta revista * la gentileza poco platónica y bastante filosófica de dejar respirar al sofista, que como tal acaso no pague con la misma moneda.





Luciano García Lange,
sofista sin cargo, cínico bípedo




[1] En la primera de las biografías que dedica Eribon a Foucault puede verse la semblanza de un filósofo al descuido de los demás, de un filósofo en estado de infamia, de un filósofo en la vergüenza y la clandestinidad. La microvida de un filósofo infame. Luego advendría su edad de devenir-Greta Garbo: el estado-vedette, que preocupara a aquel crítico severo de Deleuze. El filósofo con las plumas y el neón del espacio de aparición pública. Para Sartre, en algún momento, Foucault era un operador cultural-teórico de la burguesía. Otros dijeron que era tacaño. Falso vindicador de la locura y probable filósofo de un pop menefrego de corte helenístico. De Lacan no se han dicho cosas mucho mejores, brujo oscurantista y chanta monopolizador del la suma del saber, flautista encantador con los gongorizados fármacos gorgeanos más impúdicos. Althusser, asesino de su esposa y autor bipolar, furioso custodio de las impolutas estructuras y la idea remozada del marxismo científico y por detrás y a escondidas sempiterno poeta loco y romántico al grado de un Antonín. Es cierto, ninguno dijo al que hace el bien le va mal, como Sade (la percepción de Badiou parece parecida, es distinta: “toda voluntad colectiva del Bien hace el Mal”), ninguno propuso aniquilar con gas butano a media humanidad, como Erdosain, por lo menos no a título del culto al Mal. Pero eso es el fascismo (incendiar al mundo, según Deleuze), no el cinismo. El cínico – en sentido moderno no canino – fomenta ideales que traiciona o transgrede en fuero íntimo o en otro lado. Estos hombres no tenían a cargo hacer la guerra al bárbaro (de eso se encargaba el pueblo francés a través de sus representantes gubernamentales), sino a cargo instituciones, y estaban instituidos con cargos. Trabajaban dentro del estado de derecho con salarios en blanco. La legitimidad del discurso filosófico – que manipula bienes simbólicos de fines emancipatorio-especulativos – supone de suyo una legalidad fundante, una dimensión pública. No eran Hitler; pero no eran Diógenes.

[2] De qué estaremos hablando es una buena pregunta.


[3] Cf. Tomás Abraham, “Batallas Éticas”.


* "Lektón".

1/5/07

Confutación de mi Jeta







“Lento en mi sombra, con la mano exploro
mis invisibles rasgos
”



a Darío





¿QUÉ FOTO?




1



“El hombre no debería ver su propia cara - escribe un tal Soares en el diario íntimo de otro (“Livro do Desassossego”) -. No hay nada más terrible que verla. La Naturaleza dio al hombre el don de no poder ver su cara, así como el de no poder contemplar sus propios ojos. Sólo en el agua de los ríos y los lagos él pudo contemplar su rostro. E incluso la postura que tuvo que tomar para hacerlo fue simbólica. Tuvo que curvarse, inclinarse para cometer la ignominia de verse. El creador del espejo envenenó el alma humana”.



Debe, no obstante, considerarse como un hecho que nadie nunca puede ver su cara. Esa forma de ceguera relatada por Borges en el soneto “Un ciego”, de una cierta manera, es competencia de cualquier subjetividad, vidente o como un topo.



El espejo, la foto – “al natural” o con fotoshop -, el daguerrotipo, el retrato a mano alzada con grafito o John Faber B, cualquier forma de reflejo o refracción, al fin y al cabo, no dejan la misma constancia que los ojos propios. Entablan la mediación dudosa de un agente externo.



Borges decía, inverosímilmente, que Fernández escribía para saber quién era; y en este poema que uno de los operadores culturales de nuestro pasquín Lektón trajo al ruedo, sentencia Borges que sabría quién es si sólo pudiera suprimir su ceguera y ver de esa manera su cara.



Pero no es tan sencillo.



La cara, la jeta, el rostro, el escracho, no sólo ha sido confiscado a los no-videntes de Balvanera. La propiedad del propio rostro está en manos de Dios o de mis vecinos
[1].


Y si Dios no existe…



A esa melancolía teopática del anciano Georgie hay formas de resistirle. Bastará con leer “Continuación de la Nada”, ópera de un escritor y filósofo que Borges hijo nunca comenzó a entender, para descubrir cómo un escribiente genuino escribe para tomárselas, para piantar del sino fotológico de sus propias facciones, de su faz condenada a la expropiación prójima. Nadie nunca lo escribió mejor: escribir es “abstenerse de cara”. O como después escribió, con un estilo menor en el proemio de su “Arqueología”, su modesto discípulo Michel Foucault (que “tenía un talento formidable para cambiar siempre de careta”, según dijo Eribon que dijo Dumézil): escribir es “perder el rostro”.



“Mi cara –señalaba en su “Epistolario” el sabio loco de calle Las Heras- es lo que debe ignorarse de mí, lo único que sería importuno, es un retrato”. “Con esta táctica de vivir peleado con mi verdad fisonómica, he conseguido que por lo menos ¡mis retratos sean leídos!”
[2].



“Continuación de la Nada”, que también es continuación de los “Papeles de Recienvenido” se presenta –como se sabe- como una serie numerada de “poses” “a fotografiarse” donde el texto sustituye al gesto, o sea el grafema -linterna de sombras, fos melancólico, fuliginoso- remplaza a la facha. Ya que “el retrato es lo único que se ha leído de dicho libro”.
[3]



“Entre las frases sabias que de él ignoramos que haya dicho, y lo ignoramos de su propia boca confidencial, recordemos `que la parte que no se sabe de un hombre es la que lo hace conocido ´ y también que `la popularidad y la autobiografía o confesión biográfica son las dos oportunidades más logradas de ocultarse, al par que la `fiel ´ fotografía.”
[4].




2




Los Platonistas Invertidos de mi Barrio (República de la Sexta), se debe señalar, no cesan nunca de narrar lo patente de la profundidad de todas las superficies y viceversa. Como Borges lo dice al final del soneto: “la vana superficie de las cosas” incluye en su catálogo – lamento rimar – a “las letras y las rosas”. Y que la letra mata y el espíritu vivifica es cosa que postulan los que buscan la foto de Dios y con ella la de sus propios ontorretratos univalentes y ubicuables. Pero las letras, las rosas, los nombres y las cosas, son lo que tenemos entre las manos. Es lo que hay.



No tenemos – nosotros, lectores, topos cerúleos - la menor idea de cuáles son las huellas dactilares de Alain Badiou, menos de Santo Tomás. Pero la policía federal sí sabe cuáles son las nuestras.



¿Necesita el “pensamiento anónimo” una serie de solapas con un set de fotos de un calvo con polera? Foucault era un filósofo que comenzó una próspera carrera en la vergüenza y la clandestinidad – como narra la primer biografía de Didier Eribon - , tenido incluso por loquito por sus compañeritos antiguos de la facu, un filósofo en el baño, y terminó en la fotogenia setentista, imponiendo el look pelada, fotos con Sartre y megáfono de por medio. Foucault era deudor de Bataille, un santo hombre del anonimato y lo póstumo –como Spinoza, el filósofo de moda hoy– que batallaba contra este Sartre, el hombre transparente, el hombre luz, el hombre público. Sartre más que un fenomenólogo era un fenómeno. Su consabida fealdad fue más fotografiada que la belleza de Marilyn o la de la Bardot. Quería dar la cara comprometerse y ser responsable a toda costa. Y… ¡clic! Fotos con pipa y chaleco mediante, hacernos responsables de todo… ¡Hasta de nuestra cara!



“A partir de los cuarenta años un hombre es responsable de su cara”, dijo Sartre.



Nosotros no llegamos tan lejos. Nos queda, como dice el Tango, el último jirón de juventud, que va de la Edad del Pavo a la Edad de Cristo (como si el de Nazaret siempre hubiese tenido la misma edad). Añadimos entonces, a nuestra lista de impunidades, la de la irresponsable juventud. Por una cuestión etal, ergo, no nos hacemos cargo de nuestra incognoscible efigie (ya nos va a tocar cuando estemos por los cuarenta); y escribimos con la mera mano, descaradamente. Porque uno termina teniendo la cara que se merece, como confiaba el mismo Jean-Paul Sartre, y ese es el problema. Justamente. Y en esto, como en el fútbol, no se trata de merecimientos.



(Ahora me viene a la memoria, precisamente, que cuando yo jugaba al fútbol de chico en el parque al lado de la cancha de Central Córdoba, los peligrosos infantes terribles de la Villa que hostigaban a los pálidos pequeñoburgueses del barrio, como yo, solían usar un curioso vocativo:


- Che, vo´, cara ´e nada…)




UNA CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA AL FACHISMO




1



En “Circo & Filosofía” y en Esquizia [5] gente sin D.N.I. ha propiciado un usufructo del aparato sensacional-categorial de la filosofía diametralmente opuesto a esta idea de un parnaso con caras y caretas, de un parnaso-“Gente”, de un parnaso-“Caras”, de figuritas universales del pensamiento-top y modestos hagiólogos locales que quieren figurar. Allí hemos intentado el ejercicio ascésico de empuñar filosofía – o antifilosofía, llegado el caso – poniendo el cuerpo y sacando la facha. La actividad clandestina e impune de un cierto anonimato, la alegría y la pena irresponsables del heterónimo –como aquellos afamados por ese citado poeta peninsular llamado justa o misteriosamente Persona-. Veíamos que era una forma de conjugar un viejo mandato viñasiano con otro inconciliable y más viejo, fernandeciano. Lo contrario a subirse a un estrado u orar en un aula decretando o reproduciendo serialmente ese tipo de verdades angelizadas pero rubricables que repite la retórica colectiva de la neo-normalidad filosófica flagrante y su manso y monopólico consensus gremial-ecuménico. Esa es la filosofía de la mano ortopédica. En cambio poner el cuerpo puede ser, contrariamente a lo que cree la gente y los filósofos normales y buenaonda, no dar la cara. Y nosotros postulábamos la edad de la “Gran Retirada”, huir – anónimos o decapitados, pero manutenientes – con la facha entre las manos[6]. Escribir con el lenguaje del ausente – y la lengua del enemigo -, poner el cuerpo al borrar la trucha, induce a ese destino probable, escapista, manumitivo, maniático. O para seguir citando al mismo: no sé quién soy; pero sufro cuando me deforman.




2



¿Jeta o-jete, pues? Ojo con el ojo en la jeta porque “la facha/ se emborracha/ de bombacha”. “Ferdydurke” narra una forma de desastre previa a Badiou, con un desbarajuste de los órganos corporales en su espejeo hacia el Otro y su conjunto - el Mundo - :“La Fachalfarra o el Nuevo Atrapamiento”. El cuerpo en “Ferdydurke” es un azar y mezcla de órganos sueltos cuya organización jerárquica compete a la polaridad que establecen el culo y las facciones; jeta y tujes. “La facha concluye el ciclo que originó el culo. Después de haberla alcanzado sólo me queda remontar las partes sueltas para llegar de nuevo al culo.” El Mundo se ordena a fuerza de esa itineración éxtima: de la facha el cuculito y viceversa. “Oh, créanme, hacer el culeíto no es nada en comparación con hacer la facha!”. Se trata, en medio del infierno idiota de esa dialéctica del ano y el esclavo (la cara), de un proyecto que aspira a descubrir “el papel místico de las partes preferidas del cuerpo para llenar espacio y volumen”.



“Llegad y acercaos a mí, comenzad vuestro estrujamiento, hacedme una nueva facha para que de nuevo tenga que huir de vosotros en otros hombres, y correr, correr, correr a través de toda la humanidad. Pues no hay huida ante la facha sino en otra facha y ante el hombre podremos refugiarnos sólo en otro hombre. Y ante el culeíto ya no hay ninguna huída. ¡Perseguidme si queréis! Huyo con mi facha entre las manos”.





Buscad mi cara con una linterna de sombra en plena noche. ¡La encontrareis!




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Podría retirarme, para seguir insistiendo, con lo que se dice era la divisa de Witold Gombrowicz: “por bueno que sea un ambiente, siempre se lo puede arruinar”. Pero, boludeo eterno de los “lenguajes paradójicos” que me abusan, esto que estoy diciendo – tranqui – es una broma.



Finalmente para tampoco colaborar con el museo de bustos que propone Lektón, para hostilizar a esa pulsión escópica de “curioseo” que alienta, contribuiré a tal sección “creada para todos aquellos que se perturban ante la ausencia de un anverso con el cual componer una imagen para ilustrar las letras”, con mi propia galería personal de fotos, organizada a efectos de completar facialmente mis presupuestos extraéticos.




Mirar acá:


(Las fotos buenas se agradecen a la artista paulista y plástica Luciana Mourâo-Arslan; las malas, a este autor)





Rosario, Mayo, 2007







[1] Para un examen de esta dualidad puedo remitiros a “Les mots” de J-P. Sartre.
[2]
Foucault, otro artista de la aparición-ocultamiento, y que buscaba lugares donde el plaisir emergiera con anonimato, reflexionó que el sauna – curioso - era uno de esos sitios sociales donde el cuerpo se manifiesta como sin jeta (D. Eribon, “Foucault y sus contemporáneos”). Fernández describió, además de la vida por la escritura, otra forma de no tener cara: tener barba (“Cuadernos de Todo & Nada”. Corregidor, p. 69). Es una forma, convengamos, ciertamente más usual y asequible entre los universitarios nacionales (confer pasillos y aulas passim). En ese libro Macedonio expresa una teoría de la fealdad, la belleza y lo bonito como datos de “la cara”; los primeros tienen estatuto “emocional-teleológico” y “todo lo que es emocional tiene historia”; lo último es reportado a la “sensorialidad sin referencia a nada”. “La cara (en actitud actual, estática) es un gesto estratificado de todos los gestos que hubo en esa cara en todo tiempo anterior al momento de la observación”. Eso es lo que la mirada percibe más que la suma de las cualidades de cada órgano exterior en particular. La “cara” es el signo más inapelable e íntimo de la historicidad y la identidad, dos enemigas totales del macedonismo.

[3]
“Biografía de mi retrato en ¨ Papeles de Recienvenido¨”.
[4]
“Autobiografía no se sabe de quién”.
[5] V.
http://esquizia.webcindario.com

[6] “Ferdydurke”.



-La vulgaridad es un lujo-

Susvín... rompió


Foro fáustico-Kitsch de miseria a la filosofía, viveza epistemológica, patafísica nacional popular, metafísica nazianal pop, crítica en estado clínico, antipsicoanálisis en pantuflas, boludeces con criterio empirista de significado cognoscitivo, dadaísmo tragicómico, popestructuralismo de protesta, poemas platónicos, deconstruccionismo chabón, tango rolinga, paranoia ontoteológica, solipsismo de izquierda, falogocentrismo a martillazos, martillazos al falogocentrismo, esquizoanálisis microfascista, fenomenologías del transmundo, freudomarxismo new age, pragmatismo del reviente, pensamiento poco, yoísmo ayoico al pedo, hedonismo allende el principio del placer, diogenismo del doble discurso, cristianismo con Sade, say no more sin Tractatus, partuza del pensamiento abstracto, vitalismo funebrero, antifilosofía antipoética, surrealismo silogístico, peronismo gorila, menemismo progre, palo a la argentinidad y argentinidad al palo, rocanrol ello, existencialismo menefrego, hegelismo anarcodeseante, cross en la mandíbula a Kant.




Un idiota que reclama que le sea reconocido un saber...