14/4/11

¿Es muy grande el agujero, Huberto?



¿Adónde nos llevó, hermano, la nostalgia del uno-todo? ¿A gastar la retórica de la execración, a fatigar la fascinación por lo abyecto: al estado-deyecto como coronación doblemente escatológica del estado-de-yecto de la adolescencia del pensamiento? Hermano. Pureza y decoro son mi objetivo. Pero para después –¿después de qué?–. La verdad que me estaba cansando, cansado estaba de seguir proliferando con la expansión continua y discrecional de mis anxious objects y decidí pasarme a la retórica de la execración (un antiguo gusto mío: incendiar el mundo pero seguir vivo), que no es lo mismo que la estética de lo ominoso, es la contra: yo hacía arte desde la fascinación por lo abyecto y luego me jekillizaba –o al revés– y convertido en mi adversario escribía exabruptos desde esa otra pasión de extrema derecha o izquierda: la retórica de la execración: Contra la fascinación por lo abyecto (1997); De paso contra todo lo demás (2004); Contra la retórica de la execración (Desde la fascinación por lo abyecto) (2006); Contra la retórica de la execración desde la fascinación por lo abyecto (2008).

 

     Por un arte oficialmente terrorista (2009); No, al contrario (2010).